Insomnio

Suelo dormir muy bien por las noches. Hace años, incluso, me llamaban lirón, marmota, bicho perezoso y animales por el estilo. Además necesito dormir muchas horas. Cuando era niña me aburría dormir. No quería dormir, sentía que estaba perdiendo el tiempo. Leía muchísimo para aprovechar las horas, debí acumular esas horas en algún lado y ahora me las estarán cobrando. Nunca he tenido insomnio.
Pero desde hace algunos meses me ocurre lo siguiente: me despierto a las 4:30 de la mañana y no me puedo dormir. Como ahora. Debe ser como la décima vez que me pasa, así que me he levantado a escribirlo, como si esto fuera una especie de rito que fuera a matar el hechizo. He llegado a pensar que en mi calle, a esa hora, todos los días —o uno al mes, quién sabe— ocurre algo. Pasan cosas, pasa una manada de elefantes salvajes que barritan juntos, y me despiertan. O tal vez es algo más sutil, algún tipo de enjambre de murciélagos que emite a una frecuencia extraña que solo me despierta a mí. O, tal vez, es el camión de la basura echando agua a la calle. No lo sé.
Pero lo estoy escribiendo, a ver si es la última vez que me pasa. Es lo bueno de la escritura, le damos poderes a estas horas de la madrugada que en otro momento con la luz del día no tiene.

3 pensamientos sobre “Insomnio

  1. A mí también me pasa… De hecho creo que a mucha gente. ¿Amélie Nothomb? Ella escribe siempre de madrugada. Bueno, quizá lo intente yo también. Es bueno saber que a esas horas una no está sola.

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