Primavera

La niña que sostiene la flor morada en tu pared sopla besos de astronauta, llegan con el viento hasta la foto de Nueva York. Una ciudad llena de rascacielos dentro de una jaula. Y Cortázar en las puertas, en los baños. Zumo de zanahoria y un puente sin niebla que podemos cruzar. Hasta se ve el mar. En Madrid, qué extraño. Debe ser un espejismo, como la luna a esas horas. Existe un rincón donde se sirven hamburguesas caseras, donde el tiempo se paró en los rizos de la camarera pelirroja que prepara batidos. Alguien tira globos de colores por un balcón. Las lámparas tienen forma de caracola, nunca me había fijado, y el niño con cara de adulto nos observa como si estuviera escribiendo un cuento. Lo meterá en una botella llena de arena, con las letras hacia fuera, y se mudará al centro, para estar más cerca del mar.

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