El mundo en una chincheta

No sabes nada del viento, pero lo intuyes. Déjate arrastrar, que te diga donde ir. Escucha con tus manos de pájaro y pinta planetas esféricos en las paredes. Sigue el camino del viento, sin pararte, improvisando, sin hacer caso a nadie más. Y llegarás a un lugar resguardado, con el suelo crujiente de hojas secas de todos los otoños de tu vida. Y reirás, reirás a carcajadas bien fuertes, porque debajo de todo ese montón de tiempo robado hay una niña que dibuja con palabras y renace en los chorros de tinta con los pasos perdidos. Y todo ─todo─ volverá a empezar, porque nunca se había ido.

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