Silencio blanco

Su manzano de hielo estaba muriendo, la primeras manzanas del invierno eran perfectas, redondas, como siempre, pero más pequeñas que de costumbre. O2 sabía que todos los manzanos de hielo tienen un tiempo de vida corto, y que cuando llega el momento, no hay nada que hacer. O2, desde la ventana de su cabaña de madera podía ver el manzano, el tronco y las ramas de hielo, las manzanas recubiertas de escarcha. El árbol crecía directamente de la nieve, sus raíces congeladas se prolongaban hasta debajo de los diez metros de nieve que cubrían permanentemente el planeta, hasta llegar a las aguas termales de los subterráneos. El manzano se alimentaba de las termas subterráneas, al igual que los otros habitantes del planeta; los que vivían en poblados. …l había elegido vivir solo.


Desde la ventana de su cabaña miraba todos los días el bosque de abetos. Era la única zona del planeta con abetos de madera, de las pocas zonas de tierra fértil que se conservaba por encima de los diez metros de nieve y capas de hielo. O2 nunca se lo planteó, pero al descubrir el bosque de abetos supo que era allí donde debía asentarse. Y no compartir sus abetos con nadie. Esa poca tierra fértil le proporcionaba los frutos y raíces que utilizaba para comer. El manzano de hielo le proporcionaba, una vez al año, manzanas dulces y heladas. La cosecha de manzanas de hielo era su rito anual, las iba recogiendo con cuidado, desprendiéndolas de las ramas de hielo cuando ya estaban maduras y brillantes, cuando empezaban a escarcharse en los bordes. Con el cesto lleno de manzanas se sentaba al lado de la chimenea encendida, una a una las iba pinchando en el espeto y acercándolas al fuego, para que el hielo de la cáscara se descongelara gota a gota. La cáscara de hielo protegía una fruta blanca y espesa, firme como una escultura. Los bocados eran dulces y O2 se las comía todas, con los pies cerca de la chimenea, una vez al año. Sin embargo, sabía que la de este año iba a ser la última cosecha del manzano de hielo, cuando se comiera la última manzana tenía que haber tomado una decisión, no podía seguir viviendo allí sin el manzano de hielo. Recordó su infancia en el poblado, recordó la electricidad, los recursos robados de las termas subterráneas para mantener todos los poblados en pie. Recordó las filas de manzanos de hielo que adornaban las calles, a los niños jugando con la fruta, a los demás pasando cerca de los manzanos si más, sin verlos siquiera.

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