Gafas japonesas

Hermanita siempre las llamó gafas japonesas, estas gafas tan cursis que se llevaron durante un tiempo, de las que tienen los bordes de arriba puntiagudos hacia fuera, como cuando te estiras los ojos para poner cara de japonés. Hermanita las llamaba así, gafas japonesas, porque le recordaban a cuando yo me estiraba los ojos para hacer de japonés. Ella nunca había visto a un japonés. Yo le dije que no existían, que no había gente con los ojos estirados, que era mentira. Hace una semana vino al pueblo a exponer una fotógrafa con nombre chino, japonés, o lo que fuera, con muchas letras. Hermanita se escapó de casa cuando me despisté, y corrió a la exposición para verle los ojos a la japonesa. Cuando me di cuenta fui detrás, pero no la encontré por ningún sitio. Esperé un buen rato en la puerta de entrada de la exposición, pero no salía. La última en irse fue la fotógrafa japonesa, con unas gafas oscuras, color rosa, de las que tienen las puntas estiradas, pero no había visto a ninguna niña. Hermanita lleva una semana perdida, y no la encontramos.

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