entrevista a Hayao Miyazaki, leída en Medios Independientes

Hayao Miyazaki lleva 20 años en la vanguardia del cine de animación en Japón. Fue uno de los pioneros de la industria y actualmente es su creador más destacado. Su filmografía muestra una asombrosa unidad de visión y una enorme integridad a pesar de la gran variedad de trabajos que ha llevado a cabo. Esta honestidad puede ser la clave del éxito del que disfruta hoy día. Productor, diseñador, director, dibujante y escritor, Miyazaki es un artista genial y de los más brillantes de su generación. Su carrera abarca 39 años y durante este tiempo ha abordado todos los temas y ha explorado todos los registros. Con tono satírico, épico o elegíaco ha pasado del retrato al cine de género y ha expresado con una simplicidad ejemplar las grandes pasiones, entregándose al lirismo del alma y a los juegos encantadores de la fantasía…

El pintor de lápices

Llenaba las baldosas de formas y colores. Le gustaba el trazo de la tiza. Cuando llovía o hacía demasiado viento, pintaba debajo de algún techo, balcón, algún toldo o arcada. Un domingo encontró un lápiz tirado en su baldosa preferida cerca de la catedral. Alguien debía haberlo olvidado allí, nadie abandona un lápiz recién afilado. Hacía mucho tiempo que no levantaba un lápiz. Para las baldosas siempre fue mejor la tiza. Ese domingo dibujó un lápiz azul y dorado en la baldosa, olvidando por completo las gárgolas de la catedral. Lo imprimió en una fila de baldosas seguidas. Diferentes colores, diferentes formas del mismo lápiz perdido.

de Truman Capote, El arpa de hierba. Anagrama.

¿Cuándo oí hablar por primera vez del arpa de hierba? Bastante antes del otoño ya vivíamos en el cinamomo, así que debió de ser a principios del otoño. Y, naturalmente, fue Dolly quien me lo dijo. Nadie más pudo tener la ocurrencia de llamar a aquello el arpa de hierba. Si al salir del pueblo se toma el camino de la iglesia, pronto se deja atrás una deslumbrante colina de lápidas blancas como huesos y oscuras flores resecas: el cementerio baptista. Nuestros parientes, los Talbo y los Fenwick, están enterrados allí; mi madre al lado de mi padre, y las tumbas de nuestros familiares, veinte o más, los rodean como las raíces de un árbol pétreo. Vale la pena verla en otoño, a finales de septiembre, cuando se torna roja a la puesta de sol y las sombras de color escarlata, semejantes al resplandor de una hoguera, pasan sobre la hierba, arrastrada por las ráfagas de los vientos otoñales que, al agitar suavemente sus hojas, emiten un leve suspiro que parece música humana: un arpa de voces.

Gaviotas

Vivo a ciento cincuenta kilómetros de la costa, pero a media tarde salí al jardín y sentí el mar. El aire olía a sal y a algas. Volaban dos gaviotas perdidas cruzando las nubes. Este fin de semana tengo que acercarme al mar.

Crónicas de Londres III

Febrero y siete meses. El mes pasado fue el más largo del año. En menos de cuarenta y ocho horas perdimos una casa, alquilamos la nuestra, fuimos homeless y tortugas durante siete días, hice de espía toda una mañana detrás de una taza de café, llevé un coche francés por todo el centro de Londres, hice saltar la alarma de la cocina del pub a las tantas de un domingo, y encontramos casa nueva. Nueva de verdad, recién construida. Liverpool Street Station, contrato de un año. Es calentita la casa nueva.

Crónicas de Londres II

Enero del año nuevo. Seis meses en Londres. Ya hemos vivido la parte más fría, con sus nevadas nocturnas y calles heladas. Ya hemos sobrevivido las Navidades, la vuelta fugaz del turrón y los nuditos que deja por dentro. Para el mes que viene hay casa nueva, lejos del cuchitril pulgoso. Estamos aún batallando con las pulgas, pero ellas también caerán. Nanito dice que con el pelo corto parezco un duende, una hadita, o una mezcla de los dos. Ya no lo tengo tan corto, va creciendo y empiezan a desflecarse las puntas, floreciendo. Las gafotas redondas me achican los ojos de búho, sin ellas parezco un abuelo búho desflecado.