Paraísos perdidos

En un montoncito de hojas secas, crujientes, entierra las ilusiones de sus paraísos perdidos. Una casita de luz en el medio de la noche y las bendiciones. La luna llena entre nubes sobre el balcón de las Comendadoras. Dos niños recogen las huellas dactilares de todos los invitados de la casa. Un cigarrillo amargo y el mar dulce a la orilla de la Balandra. Una botella de vino rosado y los pies colgando sobre el Sena. Una tormenta de lluvia fina y ventosa sobre un castillo derruido, en un acantilado al borde del mar del norte de Inglaterra. Unos dedos, seguros y hermosos, tocan el canon de Pachelbel en una guitarra española.

La calle de los mimos

Justo antes de entrar al mercadillo de Covent Garden, encuentras un mundo aparte. La calle de los mimos. Una calle peatonal en la que te rodean por ambos lados prestidigitadores, trapecistas y lectores de tarot. Hombres de oro llorando con lágrimas negras, mendigos con sus cinco perros diminutos, mujeres mitad anciana despeinada mitad princesa de cuentos. Es todo un mundo cruzar la calle con prisas, no puedes evitar detenerte en cada mimo. Hoy pasé por allí dos veces, a la vuelta estaba anocheciendo y la calle estaba casi vacía, todos los mimos se habían recogido. Solo quedaban dos, sentados en el suelo; la bruja del tarot mascando tabaco, leyéndole la fortuna al hombre de plata.

Crónicas de Londres III

Febrero y siete meses. El mes pasado fue el más largo del año. En menos de cuarenta y ocho horas perdimos una casa, alquilamos la nuestra, fuimos homeless y tortugas durante siete días, hice de espía toda una mañana detrás de una taza de café, llevé un coche francés por todo el centro de Londres, hice saltar la alarma de la cocina del pub a las tantas de un domingo, y encontramos casa nueva. Nueva de verdad, recién construida. Liverpool Street Station, contrato de un año. Es calentita la casa nueva.

Crónicas de Londres II

Enero del año nuevo. Seis meses en Londres. Ya hemos vivido la parte más fría, con sus nevadas nocturnas y calles heladas. Ya hemos sobrevivido las Navidades, la vuelta fugaz del turrón y los nuditos que deja por dentro. Para el mes que viene hay casa nueva, lejos del cuchitril pulgoso. Estamos aún batallando con las pulgas, pero ellas también caerán. Nanito dice que con el pelo corto parezco un duende, una hadita, o una mezcla de los dos. Ya no lo tengo tan corto, va creciendo y empiezan a desflecarse las puntas, floreciendo. Las gafotas redondas me achican los ojos de búho, sin ellas parezco un abuelo búho desflecado.

Crónicas de Londres I

De agosto a noviembre, llevo cuatro meses en Londres. Cuando llegué en tren desde Newcastle, pensé que este año el verano estaba juguetón y se escapaba para ir siempre un paso por delante. A finales ya de octubre, parece que el verano londinense es tan travieso como suave, se va sin alborotos cuando llega el otoño con el señor viento. No creo que sea viento del este, porque en vez de traernos a Mary Poppins, nos abraza con remolinos de hojas por las calles, no nos deja abrir la puerta del cuchitril con una sola mano, y a veces es tan fuerte que pienso que con extender los brazos voy a salir volando.