La luz de los martes

Hay luz por las mañanas. Caminas sobre la piedra, a paso rápido, cruzando la plaza. Vuelan desordenados los vencejos sobre tu cabeza. O las golondrinas, nunca he sabido mucho de pájaros. Ni siquiera los detiene el cielo. Vuelan. Se posan. Vuelan otra vez.

Paramitas en primavera

Nos perdemos por las calles del Escorial. Son de piedra, y van en círculos, siempre acabamos en la misma, qué despiste. Historias prestadas, historias robadas. Un chino vestido de turquesa enseña tai-chi en silencio. Todos escuchan. Estamos a las puertas de un bosque inmenso que se extiende sin civilización hasta las torres de Plaza Castilla. Cantar y bailar como si indios entre los bancos de una iglesia escodida pasadas las doce de la noche. Deseos innumerables. Y ahora la guitarra puede tocarse de otra forma, ahora podemos tocar todo de otra forma. En el jardín le damos migas de pan a las hormigas. Nos sentamos en el césped a arreglar el mundo y las pequeñas cosas. Crear espacio desde dentro. Mirar a los ojos. Las calles huelen a leña desde aquí.

Primavera

La niña que sostiene la flor morada en tu pared sopla besos de astronauta, llegan con el viento hasta la foto de Nueva York. Una ciudad llena de rascacielos dentro de una jaula. Y Cortázar en las puertas, en los baños. Zumo de zanahoria y un puente sin niebla que podemos cruzar. Hasta se ve el mar. En Madrid, qué extraño. Debe ser un espejismo, como la luna a esas horas. Existe un rincón donde se sirven hamburguesas caseras, donde el tiempo se paró en los rizos de la camarera pelirroja que prepara batidos. Alguien tira globos de colores por un balcón. Las lámparas tienen forma de caracola, nunca me había fijado, y el niño con cara de adulto nos observa como si estuviera escribiendo un cuento. Lo meterá en una botella llena de arena, con las letras hacia fuera, y se mudará al centro, para estar más cerca del mar.

Domingo de jazz

Estuvimos en un café de Berlín, rodeados de espejos. Una niña cantaba con voz de agua y un pianista invisible acompañaba al argentino del bajo, seguro que separando ─perfectamente─ en su cabeza, la melodía de la mano derecha y la de la izquierda.

Crónica caótica sin nombres propios

Quince bolsas de hielo y sesenta pizzas. Una por cabeza, fuimos justa sesenta. ¿Ves? Te dije que no estaría mal hacer sesenta. Que no falten ingredientes. Un día entero amasando en la cocina de casa después de un sábado de compra. No tenemos bolsas y las vacas reciben masajes anti estrés, se alimentan de cerveza y de sake. Una caja gigante de conchas Codan para los recuerdos infantiles. No quedan botellas. Ocho kilos de mozzarella. La Gauchita se porta bien en los viajes. El carro pesa mucho y no podemos con él, no se mueven las ruedas. Encontramos globos, cartulinas de colores, neveras, alpiste, un poco de todo.

Nieve en primavera

El autobús se sacudía aprovechando las curvas, un poco incómodo con el techo lleno de nieve. Era de los pocos que había bajado ese día por la carretera de Benasque, y a la altura del lago ni siquiera llovía. Dentro del bus y pegadas a la ventana veíamos caer la nieve, primero en cachos y después en ríos de agua fría. Dos asientos delante un chico jugaba con una niña a adivinar nombres propios.

El cuarto de los juguetes

La habitación favorita de Mariana es el cuarto de los juguetes. Es donde, cuando le roba tiempo al día, pasa horas muertas ajena a todo lo que ocurre en el mundo. Ya se puede quemar la casa o escaparse un ladrón en el patio de vecinos, que Mariana cuando está en su cuarto de los juguetes no hace caso a nadie. En sus mejores días ni abre la puerta cuando la llaman a comer. En los peores, las cosas cambian. La ventana parece hacerse más y más grande y tiene tantas razones para distraerse que le aburren todos esos juguetes. No entiende cómo alguna vez se divirtió con ellos. Los juguetes parecen quedarse sin vida y no entretener a nadie más que al gato. Estos momentos son todo un misterio aún para Mariana.

Domingo

Escribir. Dormir. Volver a escribir. Dormir menos. Despertarse de día. Leer Hamlet. Cocinar pollo al curry. Escribir, escribir. Transcribir el guión entero de Antes del atardecer. Leer sobre las calles de Nueva York. Repasar anuncios de pisos en la Plata. Escribir un mail en inglés, muy largo. Volver a leer Hamlet. Recitar en voz alta. Escuchar a Mario San Miguel, ¿dónde para la orquesta del amor? Tomar mate. Dormir. Escribir. Escribir.