de Richard Ford, El periodista deportivo

Me llamo Frank Bascombe y soy periodista deportivo. Durante los últimos catorce años he vivido aquí, en el número 19 de Hoving Road, Haddam, Nueva Jersey, en una gran casa estilo Tudor que compré cuando le vendí un libro de relatos a un productor de cine por un montón de dinero, y parecía que mi mujer y yo, así como nuestros tres hijos -dos de los cuales aún no habían nacido-, podríamos empezar a vivir mejor. No sabría decides exactamente en qué iba a consistir la mejoría que yo esperaba, y con esto no quiero decir que no llegase, pero desde entonces han pasado muchas cosas. Por ejemplo, ya no estoy casado con X. El hijo que teníamos cuando todo empezó ha muerto, aunque, como he dicho, hay otros dos y son unos niños maravillosos.

de Pablo Neruda, Autorretrato

Por mi parte, soy o creo ser duro de nariz, mínimo de ojos, escaso de pelos en la cabeza, creciente de abdómen, largo de piernas, ancho de suelas, amarillo de tez, generoso de amores, imposible de cálculos, confuso de palabras, tierno de manos, lento de andar, inoxidable de corazón, aficionado a las estrellas,mareas, maremotos, administrador de escarabajos, caminante de arenas, torpe de instituciones, chileno a perpetuidad, amigo de mis amigos, mudo de enemigos, entrometido entre pájaros, mal educado en casa, tímido en los salones, arrepentido sin objeto, horrendo administrador, navegante de boca y yerbatero de la tinta, discreto entre los animales, afortunado de nubarrones, investigador en mercados, oscuro en las bibliotecas, melancólico en las cordilleras, incansable en los bosques, lentísimo de contestaciones, ocurrente años después, vulgar durante todo el año, resplandeciente con mi cuaderno, monumental de apetito, tigre para dormir, sosegadoen la alegría, inspector del cielo nocturno, trabajador invisible, desordenado, persistente, valiente por necesidad, cobarde sin pecado, soñoliento de vocación, amable de mujeres, activo por padecimiento, poeta por maldición y tonto de capirote.

de Italo Calvino, Las ciudades invisibles

De la ciudad de Zirma los viajeros vuelven con recuerdos bien claros: un negro ciego que grita en la multitud, un loco que se asoma en la cornisa de un rascacielos, una muchacha que pasea con un puma sujeto con una traílla. en ralidad muchos de los ciegos que golpean con el bastón el empedrado de Zirma son negros, en todos los rascacielos hay alguien que se vuelve loco, todos los locos se pasan horas en las cornisas, no hay puma que no sea criado por un capricho de muchacha. La ciudad es redundante: se repite para que algo llegue a fijarse en la mente.

de Ray Loriga, Héroes

Estaba sentado mirando la televisión con el volumen bajado, uno de esos dibujos animados japoneses en los que unos niños con los ojos inmensos tratan de destrozar a otros niños con los ojos inmensos. Todos parecían estar muy cabreados. No eran más que niños pero tenían unas pistolas cojonudas y unas ametralladoras del futuro con cañones tan grandes como la taza del váter. Estaba viendo los dibujos y escuchando un disco de Red Hot and Chili Pepers y eso era todo lo que quería hacer por el momento. Los japoneses de disparan con sus cañones y a algunos les arrancaba la cabeza y a otros no.

de Julio Cortázar, Historias de cronopios y famas

Un cronopio va a abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos están donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del teléfono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías.

de Antoine de Saint-Exupéry, O Principezinho

Para mim, esta é a paisagem mais bela e mais triste do mundo. … a mesma paisagem da página anterior, mas eu voltei a desenhá-la para vocÍs a verem melhor. Foi aqui que o principezinho fez a su apariÁao na Terra e, depoi, desapareceu. Olhem bem para esta paisagem, para a poderem reconhecer se um dia forem a África, ao deserto. Se passarem por aqui, suplico-vos: nao tenham pressa, fiquem un bocado ‡ espera mesmo por baixo da estrela! Se um menino vier ter convosco, um menino que está sempre a rir, um menino com ocabelos cor de ouro e que nunca responde quando se lhe faz uma pergunta, já sabem quem ele é. Entao, por favor, sejam simpáticos! Nao me deixem ficar assim triste: escrevam-me depressa a dizer que ele voltou…

de Michael Ende, Momo

Una vez, era un día pesado y bochornoso, había unos diez u once niños sentados en las gradas de piedra esperando a Momo, que se había ido a dar una vuelta, según solía hacer alguna vez. El cielo estaba encapotado con unas nubes plomizas. Probablemente habría pronto una tormenta. -Yo me voy a casa -dijo una niña que llevaba un hermanito pequeño-. El rayo y el trueno me dan miedo. -¿Y en casa? -preguntó un niño que llevaba gafas-, ¿es que en casa no te dan miedo? -Sí -dijo la niña. -Entonces, igual te puedes quedar aquí -respondió el niño.