Los pájaros que habitan mis textos

A veces pasan tantos meses hasta que vuelvo a un cuento, que lo encuentro lleno de pájaros. Caminan sobre el papel y picotean las letras, lo han llenado todo de plumas. Y ahora en otoño la situación es incluso peor, vienen de pisar cualquier charco y dejan frases enteras perdidas de barro. En ocasiones se han comido tantas letras sueltas que el cuento ya no hay quién lo entienda. O, incluso, llevan tantas semanas sobre el papel que lo han llenado todo de cagadas, tan precisamente distribuidas que lo único que puede hacerse es arrugar bien el cuento y tirarlo a la basura. Pero no me enfado con los pájaros, al contrario, porque tienen buen instinto y los cuentos gracias a sus picotazos mejoran bastante. Me gusta llegar y comprobar qué han salvado, ay, esas imágenes que ni los pájaros se atreven a picotear (no vayan a caer muertos o a transformarse en otra cosa).