La nueva vida de Peluso

Hoy me siento como Andy en la última escena de Toy Story 3. Me acaban de enseñar una foto de la nueva vida de Peluso, al lado de una niña de su tamaño llamada Paola. Hace años un buen grupo de amigos me regaló un oso de peluche gigantesco antes de mi mudanza a Inglaterra. Peluso, un oso pardo genuino, con varios tonos diferentes en la piel, brillaba según lo movías. Como los osos auténticos. Lo compró mi amiga Berna, y siempre cuenta que el peluche era tan grande que se lo sentó en los hombros porque era la manera más fácil de llevarlo. Peluso me acompañó durante varias mudanzas Inglaterra abajo, aplastado en una maleta que —acabo de recordarlo, no sé qué enfermedad tenía yo entonces— era de la marca Travel bear. Peluso nunca tuvo una vida total de juguete, el pobre era un mero acompañante, una mancha parda gigantesca que me recordaba que tenía que volver a Madrid. Y una vez en Madrid el pobre oso estuvo varios años cambiando de espacio, del armario de casa de mis padres al trastero de casa de mis padres, y de vuelta al armario de casa de mis padres. En una Seguir leyendo