Y a mí, ¿por qué me gustan estas películas?

Por fin he sacado un hueco para Super 8. El fin de semana pasado quería verla, me sabía incluso de memoria los horarios de taquilla de tanto mirarlos. Pero me quedé en casa con una película cualquiera, por pereza. Pero de este fin de semana no ha pasado, me han cogido de la mano y me han metido al cine. Y justo al volver, al actualizar Twitter, nada más actualizar, apareció el siguiente comentario de Álex de la Iglesia:

Todavía en estado de shock emocional tras ver Super 8. Qué subidón. Como en los ochenta. Qué rememberazo. Gracias con el corazón, Abrams.

Genial, alguien que piensa lo mismo que yo. Me metí a buscar críticas por Internet, por curiosidad. No leí muchas, como me pasa siempre, pero sí pasé por la de Jordi Costa porque recordaba que había escogido esta película para su última clase de crítica de cine en la Escuela. Aquí está, y me quedo con la palabra amor, justo aquí:

Con el tiempo, alguno de esos cineastas amateurs se convirtió en profesional de los efectos especiales, dibujante de tebeos de superhéroes o director en toda regla. Quizá el más célebre de todos ellos fuera Steven Spielberg, que acabó trasladando toda esa energía (todo ese amor) impresionada en Súper 8 a la forja de un nuevo modelo de cine espectáculo.

Me fui a dormir tan a gusto como cuando hace años me terminaba un libro de Flanagan.


Esta mañana me he puesto a tirar del hilo, claro. A ver si conseguía entender cómo me gustaban tanto esas películas. Por generación no se puede decir que correspondan exactamente a mi infancia, aunque creo que alguna vez me sentí casi igual que el chico de la gasolinera de Super 8 con su nuevo walkman. Obviamente recordé Los Goonies, que puede que sea una de las películas que más he visto en mi vida. Me pilló tarde, lo admito. Aún así gasté la cinta. Lo mismo que Stand by me, mismo género o muy parecido, es decir: amigos y aventuras.
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Amigos y aventuras. Con un poco más de piratas o un poco menos de alienígenas, vale, pero con amigos, en pandilla, y con aventuras. Tirando del hilo recordé al mítico Jupiter Jones de Alfred Hitckcock y los tres investigadores, no conservo ninguno conmigo, pero me tragué la colección enterita, la fui sacando a libro diario de la biblioteca del colegio. De pequeña yo era más de policías y espías, de investigaciones. ¿Alguien recuerda esa serie que echaban en TVE, «El pequeño detective», o mejor, esa otra, francesa, de unos amigos con una base secreta en París que investigaban pequeños casos subidos a sus bicicletas? Esta última puede que incluso me la haya inventado.
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Y claro, el hilo me llevó a mi querido Agustín. Cuando tenía ocho años era mi mejor amigo. Muchos fines de semana jugando a los espías, recogíamos huellas de la gente de la casa, teníamos incluso un carnet de espías. Nos colábamos en sitios que parecían raros, teníamos reuniones, espiábamos conversaciones. Todo un listado de aventuras. Nunca nos pasó nada ni nos metimos en ningún lío, éramos los dos muy prudentes y buenos chicos. Ahora soy incapaz de colocarlo en el tiempo, no sé cuánto tiempo duró aquello, puede que dos años, pero sí lo recuerdo largo. Como todo entonces.
El siguiente nudo del hilo es mi querido Dani. Teníamos unos diez años, calculo, cuando nos conocimos. Nuestros padres habían sido contratados para trabajar en Huelva, y nos llevaban para ahí los fines de semana. …ramos vecinos de puentes y fines de semana. En aquel entonces yo estaba leyendo La historia interminable, y aunque puede que me lo esté inventando, le intrigaba bastante, creo que no entendía por qué leía un libro tan larguísimo. ÁQue además creo que por entonces hasta tendría película! Todo un sin sentido. Lo que más recuerdo fue ese gran día de la búsqueda del tesoro. En realidad no lo recuerdo muchísimo, pero Dani sí, y a día de hoy me llegan noticias que se lo sigue comentando a mi padre cuando se cruzan por los pasillos. Mi padre organizaba búsquedas del tesoro en mis cumpleaños y ocasiones parecidas. Debió organizar dos o tres en toda mi vida, pero se han marcado en la historia de mi familia como míticas. Sé que estuvimos todo el día corriendo de un lado a otro, buscando papelitos escondidos con pistas para continuar. Acertijos. No eran fáciles. Me lo podría inventar, pero no recuerdo más. Sí recuerdo que el tesoro, un gran montón de chucherías y caramelos, estaba escondido en el coche, y al coche rojo nos llevó el último papelito de todos.
Del baúl de los recuerdos rescato mis dos fotos preferidas nuestras de esos años. La primera es en Barajas, claro, donde pasamos tantas horas recibiendo y despidiendo gente. La segunda es en Huelva, tal vez el día después de la búsqueda del tesoro.
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Se me acaba el hilo. Justo al final me doy cuenta que está unido a una cinta, cinta que marca en un libro la página por la que voy leyendo, libro que está en mi mesita de noche: La isla del tesoro. Una edición preciosa, ilustrada, con tapa dura, y que debe tener más de quince años, justo la de la imagen de arriba (creo que es el único libro de «Círculo de Lectores» que tengo en casa).
¿Y por qué me gusta a mí estas películas? Quién sabe.

2 pensamientos sobre “Y a mí, ¿por qué me gustan estas películas?

  1. ÁMuy bueno, Mariana! Qué bueno que recuerdes con tanto amor esos momentos vividos en la infancia. ÁTe queremos mucho y que sigan los éxitos!

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