El barco gigante (2)

Son cuatro. Pasan los cincuenta. Hablan del negro, que es brasileño y toca la guitarra en el piso cinco y canta con voz de farofa, de manteca. Le piden una canción de Roberto Carlos. “Cualquiera”, le dicen, “la que sea”. No recuerdan ningún título. El barco gigante zarpó a las seis de la tarde y navega a todo motor rumbo a Río. Nos quedan kilómetros por delante, el mar es inmeso. Yo he salido a cubierta y lo he visto, es inmenso. Las cuatro señoras hablan con el camarero, que se llama Kadik y es de Filipinas. Y no entiende una palabra de español. Las señoras le dicen algo, yo también lo escucho. El negro canta una de Roberto Carlos, una canción cualquiera, una que parece que le aburre. “¿Parados?” Kadik repite las palabras que le dicen sin entenderlas, me mira en busca de ayuda.


Le están preguntando si el barco está parado, creen que nos hemos parado en medio del mar. Miran las paredes de lo que parece un hotel lujoso y gesticulan para que Kadik entienda, le hablan despacio, y muy alto. Dice que sí. Y me pregunta después. Cuando le explico en inglés se acerca de nuevo a ellas, agita las manos, se ríe nervioso. El negro cambia de canción, esto ya es otra cosa, se le mete la batucada en todo el medio de la guitarra y no podemos evitar bailar por dentro. Kadik les dice a las señoras que no, que no estamos parados. Se ríe más alto. El mar de noche se mueve, avanzamos rapidísimo hacia la línea del trópico. Las señoras apuran sus bebidas y murmuran entre ellas que las canciones de Roberto Carlos, como esta, son espectaculares. Espectaculares, dicen, con un silbidito en la ese.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>