El barco gigante (1)

Salimos del puerto a las seis de la tarde. Todos los pasajeros suben a cubierta para ver cómo el barco gigante se aleja de la costa de Buenos Aires. Al cabo de una hora poca gente sigue mirando el mar, ya no hay nada que mirar. Cuando pasan tres horas anochece, y algunos vuelven a salir para ver los colores. La luna sube gigante y roja desde el mar, trae viento. Cuando pasan dos horas más no queda nadie en cubierta. Solamente el chico que barre y ordena las toallas. Ahora no recuerdo su nombre, me lo dijo después de cinco días de verme por allí a esas horas. La primera noche me costó dormir, no quería meterme dentro del barco. Fuera estaba el mar, enorme. Tranquilo y negro, nada más que un barco dormido y el mar. Había pájaros, pequeños, que pasaban junta a la luna y se les iluminaban las alas. Y mucho viento. Muchísimo viento con sal.

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