Nocturnidades

Y entonces me preguntó si mis textos, esos que escribía en medio de la noche y le enviaba de madrugada, querían decir algo. De qué eran metáforas. Algo querrán decir, pensé, e intenté recordarlos (sin éxito). Tu suerte es que no tienen nada que ver con la idea con la que me siento a escribirlos. Escritos desde la idea no serían honestos. Así, de improviso, tienen más de operación a corazón abierto. Están vivos.

El barco gigante (2)

Son cuatro. Pasan los cincuenta. Hablan del negro, que es brasileño y toca la guitarra en el piso cinco y canta con voz de farofa, de manteca. Le piden una canción de Roberto Carlos. “Cualquiera”, le dicen, “la que sea”. No recuerdan ningún título. El barco gigante zarpó a las seis de la tarde y navega a todo motor rumbo a Río. Nos quedan kilómetros por delante, el mar es inmeso. Yo he salido a cubierta y lo he visto, es inmenso. Las cuatro señoras hablan con el camarero, que se llama Kadik y es de Filipinas. Y no entiende una palabra de español. Las señoras le dicen algo, yo también lo escucho. El negro canta una de Roberto Carlos, una canción cualquiera, una que parece que le aburre. “¿Parados?” Kadik repite las palabras que le dicen sin entenderlas, me mira en busca de ayuda.

El barco gigante (1)

Salimos del puerto a las seis de la tarde. Todos los pasajeros suben a cubierta para ver cómo el barco gigante se aleja de la costa de Buenos Aires. Al cabo de una hora poca gente sigue mirando el mar, ya no hay nada que mirar. Cuando pasan tres horas anochece, y algunos vuelven a salir para ver los colores. La luna sube gigante y roja desde el mar, trae viento. Cuando pasan dos horas más no queda nadie en cubierta. Solamente el chico que barre y ordena las toallas. Ahora no recuerdo su nombre, me lo dijo después de cinco días de verme por allí a esas horas. La primera noche me costó dormir, no quería meterme dentro del barco. Fuera estaba el mar, enorme. Tranquilo y negro, nada más que un barco dormido y el mar. Había pájaros, pequeños, que pasaban junta a la luna y se les iluminaban las alas. Y mucho viento. Muchísimo viento con sal.