La pequeña ecologista y la caja de detergente

Cuando era pequeña, yo era ecologista. Siempre he tenido ese instinto de protección por la naturaleza, y es un instinto que ha ido tirando de mí. No sé de dónde ha salido, supongo que en gran parte de mi amiga Laura Dubín que dibujaba lobos y delfines, me regaló un colgante que decía “Save the whales” y ahora vive al sur de Argentina, rodeada de bosques y cuidando caballos. O por mis padres, claro, que en cada casa que han vivido han cuidado de una pequeña huerta, de unas gallinas o, cuando no quedaba otra, de unos hámsters. O tal vez viene del contraste: cuando creces en un lugar donde mires donde mires solamente puedes ver mar y selva y verde, y después te mueven a otro lugar donde lo único que ves es tierra seca (y olivos), pues algo por ahí se queda colgando desgajado. Pero el tema es que yo era, cuando era pequeña, ecologista. Desde mi visión del mundo de entonces. Lo que hacía —además de intentar que la gente comprendiera la inteligencia de los delfines, de que hablaran a las plantas para que crecieran mejor, y de recoger muestras botánicas en las excursiones del colegio con Seguir leyendo

No es fácil detenerse a oler las flores

Hace algunas semanas tuve vacaciones, e hice algo habitual cuando se tienen vacaciones: viajar, salir de casa, cambiar de aires. En uno de los viajes me compré un llavero nuevo: para mi casa nueva, claro (me acabo de mudar). Fue en Copenhague: no pude evitar enamorarme de un caracol de madera que encontré en un puesto navideño. Cuando volví a mi casa nueva cambié las llaves de llavero. ¿Y qué ocurre con las llaves cuando les cambias el llavero? Pues que se despistan, porque tenemos memorial táctil para un montón de cosas importantes como las llaves y los llaveros. Así que, recién aterrizada por fin, me dejé las llaves dentro de casa. Y como acabo de mudarme no tengo copias en ningún lugar salvo la casa de mis padres, que está a una hora de donde vivo ahora. Bien. Salí de casa prácticamente sin nada —bueno, cogí el monedero— y sin llaves. Solo era un momento porque iba al parque a enterrar unas semillas. (Siempre que estreno casa, pasados unos días, entierro unas semillas en algún lugar que me guste, un ritual tan extraño y personal como cualquier otro). Bien, pues ahí estaba en el parque con las semillas en Seguir leyendo