Papiroflexia

Viajo en tren. A mi lado está sentado un hombre que sostiene, en el regazo, un sobre repleto de trozos de cartulina y láminas de cartón de color. Coge los papeles y los recorta con cuidado, los pliega varias veces, los despliegue. Saca los cuadrados blancos y los esparece sobre la cartulina, componiendo una suerte de rompecabezas en movimiento. Los dos viajamos de lado y deslumbrados por el sol que entra por las ventanas del tren, es temprano. Hay otras personas en el vagón que viajan de frente o de espaldas en la dirección del tren, pero nosotros vamos de lado porque no había otros asientos libres. El hombre viste zapatillas blancas, impolutas. Sus manos se mueven despacio, con precisión. Está montando, con cuadrados blancos y de color, una forma poliédrica, con bordes perfectos. Una forma que no se parece a nada, no es un animal de cartón, no es ni un cubo ni una pirámide. Tampoco es simétrica, ni tiene ningún sentido lógico. No se parece a nada. A nada.