El cuento como ensalada

Mientras cocinaba el otro día me puse a pensar en los últimos cuentos que leyeron mis alumnos en clase. Mi nevera estaba muy vacía. Al lavar la lechuga —para la ensalada solo tenía lechuga, y una lechuga que llevaba varios días ya en la nevera—, me acordé de lo que dijo Manu en la clase, que a pesar de que el cuento tenía su conflicto, tampoco le había salido ´muy interesanteª. Y es verdad que su cuento, aunque estaba bien —en esencia era perfecto—, de interés estaba como a medias, como apagado.
Me senté a la mesa con mi ensalada solo de lechuga. La miré, era la ensalada más triste que había preparado nunca. Ni siquiera me quedaba aceite para echarleÖ solo lechuga, y sin sal, ni vinagre. Eso mismo les ocurre a los cuentos cuando acabamos de empezar a escribir. Bueno, si hemos leído un poco no suelen ocurrir cosas tan drásticas como que la lechuga tenga moho y no nos quede ni una gotita de aceiteÖ pero sí se acerca bastante. Normalmente, los más aplicados, a las pocas semanas de curso son capaces de hacer una ensalada de lechuga estupenda: porque han aprendido qué lechuga comprar, cómo lavarla bien, cómo aderezarlaÖ Eso sí, la ensalada solo lleva lechuga, que es lo que controlan por ahora. Y claro, una ensalada de solo lechuga, por muy buena que sea la lechuga y mucho vinagre de Módena que le eches, es solo lechuga: no tiene interés. Es aburrida.


Es lo que pasa en los cuentos. Estamos aprendiendo a conocer los ingredientes para hacer ensaladas. Las ensaladas más deliciosas, esas que sabemos apreciar con gusto, esas que si nos las sirven en el restaurante decimos ´qué delicia, ajá, es que le ha echado una reducción de vino dulceª pero no somos capaces de repetir nosotros solos en casaÖ esas ensaladas tardan en llegar. De hecho antes, antes de empezar a escribir, ni sabíamos que las ensaladas llevaban tantas cosas, no conocíamos el vinagre de Módena ni la reducción de vino dulce, ¿reducción?, ¿qué es eso?, ¿qué es la sal con escamas?, ¿es que hay distintos tipos de salÖ?
Y tanta información abruma a cualquiera. Con lo cual al principio lo que hacemos es comprar una buena lechuga, un poco de sal marina escamada, y nos quedamos tan anchos. Está bien que sea así, poco a poco iremos ampliando nuestros ingredientes. Sabremos, por ejemplo, que hay ingredientes que no pegan juntos —y no intentaremos, como dice Ángel Zapata, curar a un elfo enfermo con una aspirina—. Igual que el pimiento verde no pega demasiado bien con la miel, aprendemos que no les pegan ciertas posiciones de narrador a ciertas historias. Y no solo lo sabremos porque nos lo hayan dicho, es que gracias a nuestro espíritu culinario nos habremos atrevido a mezclar la miel con la canela y habremos descubierto que eso es incomestible.
Porque de nada sirve cocinar ensaladas sin probarlas. Tenemos que degustarlas nosotros mismos, para ir, poco a poco, formando nuestro gusto culinario, en este caso, formando nuestra voz, educando nuestra sensibilidad.
Y años más tarde, después de varios cursos de relato, de varios libros leídos, de varios análisis hechos, de varios meses y meses luchando —ya a solas, sin profe, sin grupo— con los cuentos, nos iremos de viaje a un país en el que nunca estuvimos. Y visitaremos su mercado, y su puesto de verduras, y descubriremos entre las verduras algo que nunca antes habíamos visto. Y lo probaremos, y lo añadiremos a nuestra lista de ingredientes especiales para ensaladas.
Lo mejor —y esto es un secreto— es que cuánto más tiempo pase, cuánto más difícil sea encontrar esos puestos de verduras exóticas aún desconocidas, es cuando más se disfrutarán. Qué suerte tenemos con la gran cantidad de verduras que nos quedan por conocer. Y aquí, para cerrar, hago un pequeño homenaje a un estupendo profesor de literatura que tuve el gusto de tener por unos meses —Ángel G. Galiano—, y que decía aquello de: ´¿No habéis leído aún a Herman Broch, en La muerte de Virgilio? Ah, pero qué afortunados sois, qué suerte tenéis, ojalá yo pudiera volver a leerlo por primera vezª.

2 pensamientos sobre “El cuento como ensalada

  1. Qué bien lo cuentas, Mariana! Me dan ganas de ponerme a escribir. Espero que a tus alumnos les pase algo parecido.
    Besos
    Jesús

  2. Mariana, eres un hacha!!! En serio… Leyendo este texto… me recuerdas por todo lo que estoy luchando y todo lo que estoy aprendiendooo!!! Hoy más que nunca, estoy orgullosa de haber sido alumna tuya. ya sabes, que tienes una amiga (y peluquera) siempre. Gracias por cultivar en mí la lechuga más verde.. voy a por el resto de verduras!!! A ver qué me encuentrooo… Un besazo.

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