El cuento como ensalada

Mientras cocinaba el otro día me puse a pensar en los últimos cuentos que leyeron mis alumnos en clase. Mi nevera estaba muy vacía. Al lavar la lechuga —para la ensalada solo tenía lechuga, y una lechuga que llevaba varios días ya en la nevera—, me acordé de lo que dijo Manu en la clase, que a pesar de que el cuento tenía su conflicto, tampoco le había salido ´muy interesanteª. Y es verdad que su cuento, aunque estaba bien —en esencia era perfecto—, de interés estaba como a medias, como apagado. Me senté a la mesa con mi ensalada solo de lechuga. La miré, era la ensalada más triste que había preparado nunca. Ni siquiera me quedaba aceite para echarleÖ solo lechuga, y sin sal, ni vinagre. Eso mismo les ocurre a los cuentos cuando acabamos de empezar a escribir. Bueno, si hemos leído un poco no suelen ocurrir cosas tan drásticas como que la lechuga tenga moho y no nos quede ni una gotita de aceiteÖ pero sí se acerca bastante. Normalmente, los más aplicados, a las pocas semanas de curso son capaces de hacer una ensalada de lechuga estupenda: porque han aprendido qué lechuga comprar, cómo lavarla Seguir leyendo