Un poco de mundo

Hace muchísimos años que no escribo ningún diario. Porque este blog, o página, o agujero negro, no puedo llamarlo así. Más bien sería un semanal. Pero acabo de releer un diario que nos hizo escribir en Navidades un profesor de guión que tuvimos en primero —Juan Miguel Lamet—, las Navidades del 2005. Para nada recordaba que tenía escritos uno a uno los días de esas vacaciones. Y me ha alegrado mucho, porque fueron una de las mejores Navidades que pasé en tiempo, y no me acordaba prácticamente de nada —lo cual ha hecho que recuerde, por cierto, que empecé a escribir cuando era muy pequeña justamente por eso, para no olvidarme de las cosas que me pasaban—.
Cuatro años después soy otra persona. Me ha traspasado todas esas cosas que cuento en el diario, y todos esos momentos me han traído, de alguna manera, hasta aquí. Es muy curioso leer algo escrito de hace tanto, parece escrito por otra persona, por alguien, tal vez, familiar, pero entre borroso y lejano.
Por ejemplo, para entonces mi gata siamesa era ya muy mayor, y escribí lo siguiente el 24 de diciembre: “No era solo la tele, también era por Poli, que estaba muy a gusto entre las mantas y nosotros. Había conseguido tumbarse en el brazo que tenía fuera y apoyar el morrito en mi codo. Ronroneaba, y no me dejaba moverme mucho más. Anoche estaba muy animada, casi no parecía que tuviera dieciocho años. Incluso intentó jugar un poco, me cazaba los dedos cuando se movían rápido. Le preparé una bola de papel de plata para ver si despertaba sus instintos felinos otra vez, pero no hubo caso; cuando la bola pasaba por su pata, la movía un poquito, como intrigada, pero en seguida se olvidaba de ella y solo pensaba en volver a subir al sofá. Jaime dijo que era como si ese juego ya no tuviera ningún interés para ella, y era verdad, parecía conocer todos los secretos de la bola de papel de plata. Lo mejor sería verla al lado de algún cachorro de meses, esos que no dejan de jugar ni siquiera cuando están dormidos. Seguro que cuando consiguen dormirse por fin, sueñan que están jugando. ”
Así que los gatos viejos, cuando son ya tan viejos, sueñan que son cachorros. O las largartijas, que hibernan en invierno. Del 28 de diciembre: “He llegado al andén bastante rato antes que el tren, y he estado un buen rato mirando entre las piedras de las vías, a ver si veía alguna lagartija escurriéndose. En verano se veían muchas lagartijas ahí, escondiéndose entre dos piedras. Pero nada, invierno no es época de lagartijas. ¿Hibernarán las lagartijas? Ojalá nevara estas Navidades, el bosque por el que pasa el tren desde Tres Cantos a Cantoblanco está precioso con nieve en los olivos.” Estas Navidades últimas, otra vez, más o menos por esas mismas fechas, ha vuelto a nevar, y las lagartijas a esconderse.

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