Los cronopios y el primer taller de escritura

A mis alumnos en su primer taller, en algún momento, como a los tres primeros meses, les recomiendo que lean Historias de cronopios y de famas, de Julio Cortázar. Que no es uno de los libros más fáciles de leer cuando estás empezando, pero que si de repente te toca en algún punto por dentro y hace clic, es una gran alegría. Y es que a mí, y creo que es una confesión bastante común, me gustaría ser un cronopio, uno de esos seres verdes y esponjosos, que se dedican a dibujar con tiza una golondrina en el caparazón de las tortugas. La primera vez que Cortázar utilizó la palabra “cronopio” fue en una crónica de un concierto de Louis Amstrong, al que llamó: “Louis, enormísimo cronopio”. Copio aquí palabas textuales del autor hablando de esos seres extraños, de los cronopios (que si mal no recuerdo he tomado de la entrevista tan conocida de La 2, igual que la frase anterior): Empecé a escribir sin saber cómo eran. Luego tomaron un aspecto relativamente humano, con esas conductas especiales de los cronopios, que son un poco la conducta del poeta, del asocial, del hombre que vive un poco al margen de Seguir leyendo

Estamos contentos

Esta es la frase que no dejaba de repetir a lo largo del rodaje del corto, en formato pregunta o en formato afirmación. Y que, ahora mismo, no recuerdo bien ni de donde salió… Pero que me viene muy bien para anunciar la página Web de Rascacielos, recién salida del horno. La entrada por aquí. Supongo que en algún momento, cuando termine la vorágine de este mes, podré sentarme y escribir con algo más de calma todo lo que supuso rodar el corto. Que fueron muchas cosas, pero ahora mismo las tengo muy mezcladas. Gracias a todos.