El montaje y los sueños

Después del rodaje, viene el montaje. Eso ya lo sabemos todos. Yo no tenía muy claro qué pasaba después, hasta que me senté en la sala de montaje con Jonás y me fue ordenando el puzzle en una pantalla. Me costó varios días acostumbrarme a ver el material tan en bruto. Tuvo que pasar una semana, o dos tal vez, para que todo lo que estaba viendo me empezara a gustar un poco. Al principio solo era capaz de ver los fallos, y todo lo que no nos dio tiempo a hacer, todo lo que faltaba. Miraba agujeros, los buscaba a conciencia, y claro, encontraba muchos. Un primer cortometraje está lleno de agujeros.
Pero después de esos primeros días de proceso, no sé muy bien porqué se produjo, se me debió ajustar algún tipo de engranaje en el cerebro, porque empecé a ver lo que teníamos y a poder trabajar con ello. Para entonces Jonás me quería echar de la sala de montaje, justo cuando yo empezaba a disfrutar del tema. Durante esas semanas releí el libro de Walter Munch publicado por Ocho y Medio, y no quiero dejar que se me escape entre a nada uno de esos artículos. Lo publico en fragmentos, es muy breve, podéis leerlo completo en el libro. La traducción es de Arantxa Aguirre.

Soñanando en pareja
En muchos sentidos, el montador de una película cumple el mismo papel con respecto al director que el de un editor desempeña frente a un escritor. […] Así que parece que la relación entre un montador y un director en una película oscila hacia delante y hacia atrás a lo largo del proyecto, el numerador pasa a ser el denominador y viceversa.
En la terapia del sueño existe la técnica de emparejar al paciente —el soñador en este caso— con otra persona que está allí para escuchar el sueño. En cuanto se despierta, el soñador se reúne con su oyente para relatarle el sueño de la noche anterior. A menudo no hay nada o tan solo una única imagen más bien decepcionante, pero suele ser suficiente para iniciar el proceso. Una vez que la imagen se ha descrito, la tarea del oyente consiste en proponer una secuencia imaginaria de sucesos basada en ese fragmento.
Por ejemplo, todo lo que se ha recordado es un avión. El oyente propone inmediatamente que debe de haber sido un avión de pasajeros volando sobre Tahiti cargado con pelotas de golf para un torneo en Indonesia. Tan pronto como oye esta descripción el soñador se encuentra a sí mismo protestando: “No. Era un biplano, sobrevolando los campos de batalla de Francia, y Aníbal estaba arrojándole flechas desde su legión de elefantes”.
En otras palabras, el propio sueño, escondido en la memoria, se alza para defenderse cuando se le desafía con una versión alternativa, y de este modo se revela a sí mismo. Esta revelación acerca de biplanos y elefantes puede, a su vez, mover al oyente a elaborar otra improvisación, que sonsacará un nuevo aspecto del sueño escondido, y así sucesivamente, hasta que el sueño quede revelado hasta donde sea posible.
En la relación entre director y montador, el director es generalmente el soñador y el montador, el oyente. […] Pero en ocasiones el soñador es el montador y el director es el oyente, que es entonces quien pone un cebo para que el sueño colectivo revele más de sí mismo.
[…]

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