Paramitas en primavera

Nos perdemos por las calles del Escorial. Son de piedra, y van en círculos, siempre acabamos en la misma, qué despiste. Historias prestadas, historias robadas. Un chino vestido de turquesa enseña tai-chi en silencio. Todos escuchan. Estamos a las puertas de un bosque inmenso que se extiende sin civilización hasta las torres de Plaza Castilla. Cantar y bailar como si indios entre los bancos de una iglesia escodida pasadas las doce de la noche. Deseos innumerables. Y ahora la guitarra puede tocarse de otra forma, ahora podemos tocar todo de otra forma. En el jardín le damos migas de pan a las hormigas. Nos sentamos en el césped a arreglar el mundo y las pequeñas cosas. Crear espacio desde dentro. Mirar a los ojos. Las calles huelen a leña desde aquí.

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