La luz de los martes

Hay luz por las mañanas. Caminas sobre la piedra, a paso rápido, cruzando la plaza. Vuelan desordenados los vencejos sobre tu cabeza. O las golondrinas, nunca he sabido mucho de pájaros. Ni siquiera los detiene el cielo. Vuelan. Se posan. Vuelan otra vez.

Paramitas en primavera

Nos perdemos por las calles del Escorial. Son de piedra, y van en círculos, siempre acabamos en la misma, qué despiste. Historias prestadas, historias robadas. Un chino vestido de turquesa enseña tai-chi en silencio. Todos escuchan. Estamos a las puertas de un bosque inmenso que se extiende sin civilización hasta las torres de Plaza Castilla. Cantar y bailar como si indios entre los bancos de una iglesia escodida pasadas las doce de la noche. Deseos innumerables. Y ahora la guitarra puede tocarse de otra forma, ahora podemos tocar todo de otra forma. En el jardín le damos migas de pan a las hormigas. Nos sentamos en el césped a arreglar el mundo y las pequeñas cosas. Crear espacio desde dentro. Mirar a los ojos. Las calles huelen a leña desde aquí.