La vuelta

Leer, como tantas otras noches de miércoles, en la puerta del baño del Cabreira, una frase escrita a boli. Por primera vez, recordarla: «Tus huesos se arqueaban como flores». Llegar a casa después de una noche hablando de Virginia Woolf, Céline, Javier Marías, Conrad. Abrir la puerta sin hacer ruido. Los gatos saludan como si no te hubieran visto en días. Cerrar la puerta y sentarse con ellos. Ronronean. Tumbarse en el suelo. Los gatos te caminan por la espalda, la pequeña se acuesta en tu cabeza. Tumbarse en la cama. Leer un cuento que acaban de regalarte. Los ojos como platos. Quedarse mirando tus libros durante horas. Tanto trabajo (tanto). No poder dormir. Escribir a las seis de la mañana. La gata, la misma que antes se quedó dormida en tu cabeza, se sube a la cama ronroneando.

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