El último asado

El último asado se hace de rogar. Descubro que mis primas tienen un patio que no sabía que existía, con un roble que no sabía que existía y una piscina que no debía estar allí hace tiempo. Sobre la parrilla una luz (portátil) cubierta de telarañas. La luciérnaga mal hecha nos hace compañía junto al fuego. Ha refrescado y se está bien aquí fuera. Jugamos hasta las seis de la mañana con dos dados y dinero falso, no queremos irnos a ningún lado. Javi me acompaña hasta la puerta de casa. Brillan otras estrellas entre las Tres Marías, lo curioso realmente es que sigan brillando y nosotros, sigamos aquí abajo montando paraísos.

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