Cuatro horas en bus

Viajamos en un escarabajo de color naranja hasta lo más parecido al borde del mar. Las calles de Capital están hasta arriba de coches, al escarabajo se le puede abrir el techo. Mucho calor. Cómo es posible qué, al mismo tiempo, en nuestra casa esté haciendo tanto frío. Pensamos en eso cuando nos tumbamos en la hierba. Sopla viento y hay gente en la arena volando cometas.


Está todo tan lejos que parece que no existe. Existen las empanadas, los vasos grandes de daikiri de colores, la piscina de agua templada y el perro de Pablito. Nos hacemos una foto al sol, en la piscina, para felicitar el fin de año a nuestros guionistas. Tardo cuatro horas en volver a Berisso. Desde el bus veo pasar caminando, junto al puerto y en fila india, vacas argentinas, algún caballo, y al final, todo el país. La ciudad crece encima de unas vías de tren en desuso.

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