Es tanto tiempo

En seis años pueden pasar tantas cosas.
Se puede encontrar una amiga, que además escribe, que además es tu familia, y que además, te convierte en mejor persona.
Puedes aprender a querer una ciudad que no te gustaba nada, y dejar de salir a pescar paraísos perdidos, porque caes en la cuenta que siempre han estado contigo. Con vosotras.
Se puede descubrir un camino que llevaba ahí, a tus pies, mucho tiempo, pero que nunca habías visto. Comenzar a andarlo a su lado y siempre hacia delante (aunque a veces no lo parezca), con las bendiciones de todos los que han caminado antes por las mismas baldosas.
Aprender a volar dentro de los sueños y a cantar dentro de las pesadillas.


Te puedes mudar tantas veces en seis años…, y que una de las mudanzas se haga en un coche gris con los mismos años que un gato viejo, a un pueblo que huele a leña en medio de las montañas. Y amueblarlo, sacar cajas y cosas y recuerdos y trapos y discos de vinilo.
Se puede compartir un dolor tan grande que tú solo no sabrías qué hacer con él, que alguien alivie tu carga y que te muestre que, al otro lado del abismo, sigue latiendo la vida, intacta, con todas sus promesas.
Puedes caer en la cuenta de que nunca tuviste un azucarero en casa, que siempre serviste el azúcar directamente de la bolsa. Y decidir comprar uno, muy cutre (eso sí), de plástico y sin dibujos, pero con cucharita.
Y es que en seis años (que son toda una vida) pueden pasar tantas cosas.

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