Buenos Aires

En Buenos Aires los gorriones son más grandes que en París. Y más desconfiados. Lo mismo pasa con la gente. Se acercan lo más rápido que pueden a los cachitos de empanada, y salen volando después. En París, los más atrevidos, subían a la mano a picotear. Los árboles centenarios de Buenos Aires se ahogan entre el humo de los coches. Por suerte son tan altos que sobreviven en su mundo, y siguen creciendo, ajenos al tránsito y a la gente. Entre los gorriones del parque San Martín hay mirlos negros y cacatuas verdes.

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