Berisso y La Plata

Llegué un poquito del verano, el 20, a la madrugada. Hay calor y carretera desconchada. Los coches se saltan los semáforos en rojo y pasan por las vías de tren como si no estuvieran ahí. La llama de YPF está toda la noche encendida. Berisso sigue oliendo a zanja, y a río, y a verde, y a jacarandá. Caminamos entre la gente y tomamos la primera Quilmer del verano. La cerveza la sirven entera, todo el litro en la mesa, dos vasos grandes y un platito de maní.

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