Polín

Mamá compró la pala, una pequeña, como de camping. Papá cavó el agujero, anocheciendo ya, en un claro entre árboles. Yo la tumbé en la tierra, bien cómoda, con la cabeza entre las patas, como solía dormir. Y la tapamos con la tierra, los tres. Cubrimos la tumba con césped, los tres. Pisamos bien el césped para que no se notara. Y volvimos, los tres, a casa.