Uno y uno suman mucho

Yo le monté un blog para que ella escribiera historias. Ella me abrió su casa, y me prestó a sus amigos y a su familia para que se me recosiera bien el corazón. A mí me aterroriza conducir, ella condunce un golf oscuro y llega a los pedales con toda la gracia. Le digo mil veces que tiene que volver a Madrid. Ella sabe que tiene aquí un gran pedazo de mundo, pero que el mar es inspirador y tiene fuerza. Yo hace siglos que no cocino lentejas, y ella, de su cocina, saca platos riojanos y parrilladas para todo el mundo.


Siento tener un cómplice que siempre está conmigo. Ella me llama, como quien no quiere la cosa, cuando siente que algo no ha salido bien. No sé como lo siente, pero tenemos esa conexión. Ella sabe volar, y me lo recuerda muchas veces. Yo escribo, a veces, pensando en que ella también lo está haciendo. Ella vive escribiendo y renace en cada historia, en cada intento y en cada logro. Sé que me hicieron un gran regalo cuando la metieron de golpe en mi vida. Ella tiene tanta vida dentro ─tanta─ que le sale por los poros y la desparrama por el mundo como si tal cosa, como si fuera sencillo ser así de auténtico.

Los comentarios están cerrados.