Lo que se pierde

Mi amigo Javi tiene razón. Esa magia perdida, es la inocencia. Perderla es como dejar de creer en los Reyes Magos. Uno se siente muy maduro, piensa, qué bien, ahora sé que son los padres mientras el resto de mis amigos del cole sigue viviendo en la (feliz) ignorancia. Soy poseedor de un gran secreto. Esto, esto lo sabe poca gente, y los que lo saben, son más felices (y sabios). Uno se siente aplastado también, envidia a esos niños que aún viven en la mentira, envidia su ilusión y las sonrisas con las que rompen el papel de regalo el día seis por la mañana. Uno se siente un poco estúpido, después de todo, con lo bien que se le daba escribir esas cartas con deseos, sacar los zapatos a la ventana y ponerle agua a los camellos.