Navalafuente

Encontramos un pez de juguete debajo de la mesa de piedra. Tenía un cachito de metal por boca, para que pudiera cogerse con el imán de una caña de pescar diminuta, y llevaba cinco años allí esperando que alguien lo encontrara. Encontramos una libra esterlina al lado de un tablero de ajedrez. Un pozo roto, trozos de cristal en el suelo y ruidos en la ventana. Un tesoro escondido entre varios litros de alcohol a las tres de la madrugada y canciones antiguas rompiendo la noche con ternura. Cuando nos fuimos de allí dejamos el pez de juguete exactamente donde estaba, para no cambiar el orden de las cosas. Hay una raza de peces que crece entre las piedras en los jardines del norte y se alimenta de caricias robadas.

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