Memes y otras hierbas

Estaba a punto de escaparme de la cadena de memes, casi segura que mi vuelta a las hierbas había sido silenciosa y discreta. Asumo mi error y rescato el desafío del amigo Tiburcio Samsa, que parece que no sigue de vacaciones. A ver si los encuentro, ocho tienen que ser. Secretos e inconfesables, nada menos.
1. Hasta los siete años estuve convencida de que en realidad, el mundo era mucho más grande. Que el globo terráqueo mentía, y que tenía que haber muchos más continentes que cinco (me parecían muy pocos).
2. A los diez años lo que más me enorgullecía en el mundo era estar leyendo “La historia interminable”, de Michael Ende.
3. Hasta los once años, a raíz de los carteles que veía por la calle donde decía: “no pegar carteles, responsable la empresa anunciadora”, pensaba que la “empresa anunciadora” se trataba de una compañía grande y poderosa encargada del mantenimiento y la limpieza de los cristales de la ciudad.


4. Hasta los trece años amé con todo mi corazón a Júpiter Jones, el protagonista de Alfred Hitchcock y los tres investigadores. Aunque en realidad estaba enamorada de Bob Andrews, y eso me dolía, porque Júpiter Jones parecía más inteligente.
5. Hasta los quince mantuve unas cuántas manías tipo “Mejor imposible”, tales como ir andando sin pisar los ladrillos rojos del suelo, tocar con una mano todo lo que tocaba con la otra o girar en un sentido si, por accidente, había girado en el otro.
6. Hasta los diecisiete, más o menos, estuve convencida que cuando a la madre se le acababa la leche del pecho, salía aceite de oliva. La conclusión la saqué a los tres años, cuando mi madre para librarse de una vez de darme de mamar, se untó con aceite. Me lo tomé bien, cambié la leche por galletas, pero tardé mucho en saber que no era cierto.
7. Hasta los veintidós nunca había robado nada, y cuando se me ocurrió robar una libra de queso del restaurante donde trabajaba (en Londres, a medianoche, para acompañar a una pasta sosa que habíamos preparado), saltó la alarma de la cocina, vino un coche patrulla con las luces encendidas y le pusieron al restaurante una multa generosa.
8. A los veintiséis años sigo creyendo en los duendes, los fantasmas y los extraterrestres. Nunca me tragué lo de Papá Noel y los Reyes Magos tampoco me convencieron, pero hay ciertas verdades que no pueden negarse.
Le pasó el marrón a Matías, que imagino que no lo aceptará Ni en un millón de años. Que os sirvan de inspiración, más que el mío, los de Chiki, Dani Durán y JdJ.

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