Cuentos chinos para japoneses

Un duende naranja de la noche me cuenta historias debajo de un portal, un número once en una calle perdida de la Latina. Llueve y se me mojan los pies. Su acento me recuerda a un verano de hace diez años. El folio de su historia se come a un niña que dibuja en él, y cuando lo entierran crece un gran árbol con hojas que son folios perfectos. El duende se queda dormido mientras fuma cigarrillos, tira las colillas a los charcos brillantes y ya no me cuenta historias. Su silencio es espeso, como de jarabe de arce con limón y canela.

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