Calvin

Tengo un pajarito volando por casa. Ha crecido mucho. Ha crecido tanto que hemos descubierto que no es un gorrión, sino que es un verderón. Además, es una hembra. Una pajarita llamada Calvin. Los primeros días a la vuelta de vacaciones estaba como asustada y tímida. En pocos días cambió mucho, empezó a ser más simpática y a gustarle la compañía. Pronto descubrió mi mesa del ordenador, ahora le encanta estar por aquí y picotear entre las teclas. Picotea todo, lo que sea. Cuando se sube encima del corcho picotea las chinchetas hasta sacarlas. No le tiene miedo al gato (también tengo un gato), cree que este sitio es tan seguro que no le va a pasar nada. Mi gato, que es viejo ya, lo único que hace es abrir los ojos como platos cuando vuela.


Y no todas las veces, solo cuando está despierto. El pajarito es capaz de ir a posarse en su cabeza. Tiene complejo de colibrí, pero supongo que será la forma de volar de los verderones. Antes de aterrizar en un sitio se queda parada en el aire, moviendo las alas, como analizando el terreno. A veces, desde la jaula (que está colgada en el centro del salón), se lanza al vacío, de cabeza, sin abrir las alas ni nada hasta que lleva medio camino. Lo hace para divertirse, es increíble. Por las noches se queda dormida en la parte izquierda de un calendario de budas que tengo colgado delante de mi mesa. Creo que se siente protegida apoyada en la pared. Para dormirse mete las patas para dentro y se hace una bolita, la cabeza la mete entre las alas y respira más lento. No he visto cosa más indefensa.

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