Calamón

Cuando era pequeña me asombraba la cantidad de palabras que se oían en casa. Sobre todo en la cocina. La puerta de la cocina siempre estaba abierta, tenías que pasar por la cocina cuando entrabas desde la calle, y la mayoría de la gente se iba quedando allí, sentada. No les interesaba el resto de la casa. Se sentaban en la cocina y empezaban a hablar, a decir un montón de palabras apelotonadas. Yo no entendía la mayoría de ellas, y pasaba el tiempo preguntándole a mi padre qué significaba esto o qué quería decir con lo otro. Mi padre tenía un humor tan singular como grande era su orgullo, y que nunca admitía no entender ciertas palabras rimbombantes que decía mi tío Juan.


Se inventaba significados para mis respuestas, así que construí media infancia a base de conceptos equivocados. Creía que un íazorî era una máquina para quitar malas hierbas del jardín y que ícarabíasî era esa manera de reír a gorgoritos que tenía doña Manuela. Aún hoy me sorprendo al descubrir que una de esas palabras explicadas por mi padre en realidad es algo muy distinto. Cuando lo averig¸é me enfadé muchísimo, me sentí engañada. Pero ahora disfruto cuando pienso en esos significados tan raros que a veces me daba mi padre, y me hacen reír.
Una de las palabras más misteriosas de mis cinco años fue calamón. Mi tío Juan hablaba a menudo de viajar al sur para fotografiar calamones, en primavera. Lo primero que hice al oír la palabra calamón fue asociarla con limón, o algo parecido, pero no entendía que mi tío fuese a fotografiar fruta, aunque tampoco se me hacía raro porque siempre estaba hablando de campos, cultivos y cosechas. Cuando le pregunté a mi padre el color de esos calamones que iba a fotografiar mi tío, me dijo que era amarillo. Así que yo imaginaba un árbol lleno de frutas amarillas, como ciruelas. Mi padre, al contárselo, añadió entre risas que eso mismo era, que además los calamones sabían a mar, y solo florecían y daban fruto en las noches de luna llena. No sé en qué momento me di cuenta que las definiciones de mi padre no eran verdad. Poco después me vi, subida a un taburete delante de la biblioteca del salón, bajando el primer volumen del diccionario para buscar la definición de calamón. La segunda entrada decía lo siguiente: íClavo de cabeza en forma de botón, que se usa para tapizar o adornar.î Siempre me gustó mucho, mucho más, la versión de mi padre.

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