Lluvia en invierno

Ayer llovió en Madrid. El señor Gómez cuando llueve se enfada un poco, no le gustan los atascos de lluvia, no le gustan los charcos (ni pisarlos, ni verlos, ni que los coches pasen rápidos por ellos), no le gusta que sus zapatos y los bajos de los pantalones se encharquen. Cuando era niño al señor Gómez sí que le gustaba la lluvia, le gustaba chapotear en los charcos con sus botas de agua azul marino (con dibujos de coches y sirenas). Ahora el señor Gómez cuando llueve se enfada y camina con paraguas, mirando con atención el suelo para no pisar otro charco más. El señor Gómez no tiene jardín. A los jardines les gusta que llueva, y a los tomates, y a los embalses vacíos. El señor Tomás no se acuerda de los embalses ni de las restricciones de agua. Sus hijos tampoco, pero se alegran y les gusta pisar charcos. Cada uno lo celebra a su manera. A nosotros nos gusta encerrarnos en un coche blanco en cualquier calle de Malasaña y hacer dibujos en los cristales, escuchando las gotas cayendo en el capó.

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