de Norberto de la Torre, Poemas (Cajón de sastre)

Hoy leí el periódico, así supe de la existencia de un hombre que pretendía vender el paraíso a cuatrocientos votos por hectárea; me enteré, también, de dos asesinatos y un suicidio. Leer el periódico me deprime, así que lo dejé sobre la mesa, tomé un par de poemas y los saqué a pasear para que hicieran ejercicio durante un hospitalario atardecer de otoño. Pasear poemas no es un asunto fácil, se debe tener mucho cuidado pues huyen al menor descuido, aprovechan su facilidad para ocultarse. Su mimetismo es tal que pueden pasar por una flor, una puesta de sol, un gato al acecho de una madeja de luz, un destello de luna en la tormenta, incluso por una lágrima que brilla en el bote de basura. Estoy convencido de que los poemas son líquidos y adoptan la forma de la voz que los contiene; pero también los he sentido sólidos como el duro metal de las espadas. Por mi terquedad de sacarlos a pasear se me han perdido muchos, mis libros de poesía están llenos de páginas en blanco. A pesar de todo insisto porque sé que son bestias que no soportan las cadenas y las jaulas. Por eso salgo algunas tardes a pasear poemas, es mejor que se pierdan a que acaben convertidos en una capa de olvido entre las hojas de los libros cerrados.

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