Carta de Tian Meng

Hoy he leído una carta que me llegó hace cinco años. En su día lo único que entendí fue la fecha -20 de abril del 2000- y el remitente, mi amiga Tian Meng, de Dagang. La abrí expectante -no se reciben cartas de China todos los días- y me llevé una sorpresa. Sus dos cartas anteriores estaban escritas en inglés, y eran fáciles de entender. Pero esta, estaba escrita en chino, del todo. Y era bonita, era preciosa, un montón de ideogramas pintados con rotulador negros, pequeños como chispas, uno detrás de otro. Cinco folios de dibujos precisos, parecían vivos. Pasé un buen rato mirando su letra china, casi hasta el punto de empezar a darle un sentido. Me pareció increíble que alguien fuera capaz de llenar cinco folios con esa letra. Noté que hacia el final de la carta las letras se iban desmejorando, siendo más desgarbadas, seguramente había ya pillado carrerilla en el discurso y escribía cada vez más rápido. Pasa cuando cuentas algo auténtico, no puedes parar.

de Richard Ford, El periodista deportivo

Me llamo Frank Bascombe y soy periodista deportivo. Durante los últimos catorce años he vivido aquí, en el número 19 de Hoving Road, Haddam, Nueva Jersey, en una gran casa estilo Tudor que compré cuando le vendí un libro de relatos a un productor de cine por un montón de dinero, y parecía que mi mujer y yo, así como nuestros tres hijos -dos de los cuales aún no habían nacido-, podríamos empezar a vivir mejor. No sabría decides exactamente en qué iba a consistir la mejoría que yo esperaba, y con esto no quiero decir que no llegase, pero desde entonces han pasado muchas cosas. Por ejemplo, ya no estoy casado con X. El hijo que teníamos cuando todo empezó ha muerto, aunque, como he dicho, hay otros dos y son unos niños maravillosos.

Lluvia de higos

Los mejores higos están en las ramas más altas del árbol. Los higos maduros son casi de color amarillo, están casi blanditos, y casi a punto de caer. Hay que trepar para llegar hasta ellos, y desde ahí arriba tirárselos con cuidado, de dos en dos, a los amigos que se han quedado abajo y los están recogiendo, en una cesta de mimbre. La vuelta a casa con la cesta de mimbre, cargada entre dos manos -porque pesa, una cesta cargada de higos pesa- se hace despacio, y con un tono de brillo dentro, como si recolectar higos fuera algo que pudieras hacer el resto de tu vida.

Ciruelas en septiembre

Las ciruelas, cuando están muy maduras, se caen del árbol por su propio peso. A mediados de septiembre hay tantas que los pájaros ya se han cansado de picotearlas, así que llenan el suelo y las ramas. Son dulces y están calientes por el sol. Si meneas con fuerza el árbol, las ciruelas te caen en la cabeza, llueven con ritmo y en pequeños grupos. Algunas están tan a punto que les salen gotas de néctar y azúcar que atraen a las moscas. Otras -las del suelo- llevan ahí el tiempo justo llenándose del sol y tranquilidad que necesitan para convertirse en ciruelas pasas. También están dulces las ciruelas pasas. Hay tantas ciruelas en el suelo que muchas permanecen intactas, sin hormigas, sin pájaros. Son dulces, como septiembre.