Tarta de cumpleaños

Pasando por delante de la pastelería me llamó la atención el escaparate, el cristal brillaba de tan limpio, y una huella de mano justo a la altura de mis rodillas destacaba entre tanto brillo, parecía reciente. Estaba delante de una tarta de chocolate con frambuesa, con unos ratoncitos de azúcar, con gafas negras, justo en el centro, persiguiéndose unos a otros. Era una tarta de cumpleaños, la más grande del escaparate, y me quedé mirando la huella de la mano, que se iba borrando despacio. Era pequeña, como de un niño de cinco años. Al preguntar al pastelero por la tarta -estaba buscando algo perfecto para el cumpleaños de mi sobrino- , me dijo que no podía vendérmela, que estaba encargada desde hacía horas, para un funeral a primera hora de la tarde.

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