Matemáticas

Mi madre dejó a mi padre porque le faltaba la constante del caos. Así lo llamaba ella: la constante del caos. Me acuerdo perfectamente, lo repitió varias veces en esa última discusión que tuvieron. Mi madre ya había mencionado un par de veces la constante del caos antes, pero no tanto como para que fuera un motivo para dejarle. Me llevó con ella. Por aquel entonces no sabía lo que era la constante del caos, ellos siempre hablaban de esas cosas, no sé que tenían con las matemáticas, siempre pensaban en números, traducían todo a constantes, ecuaciones, integrales. Desde la compra del sábado a las vacaciones de verano, eran una buena pareja.


Hubieran seguido siéndolo de no ser por la constante del caos. Mi padre, cuando mi madre hablaba de la constante del caos, solía salir con algo llamado instinto de razonamiento. De estas cosas hablaban durante la cena, y a veces sus voces subían tanto que no podía oír las noticias. A veces lo agradecía. Otras no, pero dejaba de oírles y me quedaba mirando las imágenes, imaginando lo que decían. Desde que mi madre y yo nos mudamos, podemos ver la tele tranquilamente mientras cenamos, ya no tengo que imaginarme las noticias, mucho hay mucho silencio en la cocina nueva.

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