Presentación de “Balas perdidas”

Después de dar muchas vueltas alrededor del título, y proponer una serie de nombres horrorosos, dimos con Balas perdidas. Jugamos con una lista que unía todos los títulos de nuestros relatos, jugamos a mezclarlos bien, y de alguien surgió el nombre de Balas perdidas. A mí es un título que me viene bien para decir muchas cosas. No sé si podría llamarme bala, pero sé que he estado perdida un buen tiempo, antes de permitirme escribir. Antes de encontrar los talleres. Ayer me comentaba Javi, que lo que nos une a todos en esta antología de relatos -no es que todos tengamos cuentos autobiográficos, como dije hace unos días en la radio, y es que es cierto en la mayoría de los cuentos- lo que nos une, es que hemos sido alumnos de talleres, y ahora somos profesores de taller.


Y todo lo que envuelve a los talleres y a Escuela de Escritores, es algo que descubrí hace cinco años, un algo que ha hecho que mis raíces crezcan fuertes, y eso es de lo que habla mi relato: Tres viajes. Los viajes en total fueron más de tres, fueron más de veinte mudanzas en los últimos años. Y viene muy bien al cabo de un tiempo parar, asentarse un rato en el mismo sitio, y escribir.
Dice Agu, uno de los personajes de mi cuento: “Las lagartijas dan suerte. Si ves una lagartija corriendo, tienes suerte para todo el día. Tienes todavía más suerte si la ves en una piedra tomando el sol, y aún más si cuando te acercas tú, ella no se va. Si le cortas la cola a una lagartija, le vuelve a crecer”.
Yo he visto muchas lagartijas en mi vida, de ahí que haya tenido la suerte de encontrar tantos tesoros. Tesoros de personas, que es lo que realmente hace que las raíces crezcan. Las ciudades se recuerdan por las personas. Esta mañana, al saber lo de Londres, he hecho una lista mental de todas las personas que conocí allí en los últimos años, sé que todos están bien ya que muy pocos siguen viviendo allí; porque Londres es una ciudad con mucho movimiento, muy solitaria. Me he alegrado, de forma egoísta, que ninguno estuviera allí cerca esta mañana. En Madrid están muchos de mis tesoros de persona, juntos, y todos ellos me hacen escribir, algunos me inspiran, otros me hacen leer como una loca, otros me empujan, otros me hacen florecer. Muchos habéis venido hoy: familia, amigos de la tertulia, de la lista, de la clase, de la Escuela, amigos de la shanga, y os doy las gracias por estar, y por cuidar bien de mis raíces. Y por seguir estando, que es lo más importante. Gracias.

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