Guitarra de viaje

Se compró una guitarra de viaje, tenía el tamaño adecuado para guardarla en cualquier sitio pequeño, la funda le cubría poco más que la espalda. El cuerpo era casi el de un ukelele, y el mástil era tan grande como el de una guitarra española. Compró también un juego de tazas de metal, cubiertos de plástico, un termo de buena calidad para guardar el café caliente de las mañanas, un hornillo de gas. También una tienda de campaña, pequeña, pero el tamaño justo para dos personas -si llegaba el momento-. Con todo su equipo nuevo acampó en el salón de su casa. Por las mañana hacía café en el hornillo de gas y lo guardaba en el termo de buena calidad. Por las noches tocaba la guitarra de viaje, había tenido que hacer un boquete en el techo de la casa para cantarle a las estrellas.

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