de Santiago M. Plasencia, Triángulos esféricos

La taza, de color azul marino, está llena de agua caliente. Flotan en ella cinco hojas de boldo.
Observo la perfección geométrica del azucarillo antes de dejarlo caer al fondo. Al instante empieza a expulsar hacia la superficie burbujas microscópicas. Puedo apreciar cómo sus contornos rectos se redondean con lentitud. Es como si un poderoso viento soplara desde arriba y provocara el desprendimiento de esas partículas blanquísimas que van cubriendo las zonas aledañas al bloque.


La pared norte es la más débil de este azucarillo. De ella se desprenden fragmentos de azúcar que se quiebran al chocar contra el fondo de la taza. Pero aun allí, no reposan, sino que consuman su degradación y contribuyen a crear esa alfombra resplandeciente que se extiende cada vez más hacia el este y el oeste.
Continúan emergiendo las burbujas. En la pared sur, la resistencia estructural es heroica: aún se distinguen con claridad las dos esquinas superiores, con sus fieros ángulos de noventa grados desafiando el poder disolutivo del líquido elemento. Los restos del cubo original se asemejan ahora a un pequeño animal invertebrado cuya respiración fuera consumiendo su menguado cuerpo: primero se hincha y hace refulgir los cristales de los que está formado; luego deja caer esos fragmentos por todos lados y, quebradizo, vuelve al reposo durante un instante para hincharse de nuevo, y así una y otra vez.
Dos minutos después de la inmersión no queda en pie más que la obstinada pared sur, que adelgaza de forma peligrosa e inexorable. Cuando parece imposible mantener por más tiempo el equilibrio, la estructura explota, ya blanda, en unos pocos pedazos. El fondo queda cubierto por una nieve triste, teñida de verde.
En la superficie, la tenue nube de espuma revela a los navegantes del boldo el lugar exacto del naufragio.
-¿Te gusta más el boldo natural o de bolsita? -le pregunto levantando la mirada de la taza.
No contesta: toma otro azucarillo, se lo pone en la boca, me rodea el cuello con los brazos y me besa durante dos minutos y medio.

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