de Ray Loriga, Héroes

Estaba sentado mirando la televisión con el volumen bajado, uno de esos dibujos animados japoneses en los que unos niños con los ojos inmensos tratan de destrozar a otros niños con los ojos inmensos. Todos parecían estar muy cabreados. No eran más que niños pero tenían unas pistolas cojonudas y unas ametralladoras del futuro con cañones tan grandes como la taza del váter. Estaba viendo los dibujos y escuchando un disco de Red Hot and Chili Pepers y eso era todo lo que quería hacer por el momento. Los japoneses de disparan con sus cañones y a algunos les arrancaba la cabeza y a otros no.


Lo cierto es que no conseguía distinguir bien los personajes porque todos tenían casi del mismo peinado y esos ojos inmensos y se movían deprisa para disparar y esquivar los disparos enemigos. Había unos con una pinta imponente que viajaban en una especia de motos sin ruedas que volaban a un palmo del suelo a velocidad supersónica. …sos eran los más duros, nadie podía con ellos. Subí el volumen para que se ajustase a la energía de los dibujos. Funcionaba de maravilla. Abrí una cerveza y me puse a pensar en todas las cosas que volaban por ahí fuera, cosas aparentemente inocentes que pueden volverte loco en cuanto te descuidas. Pensaba en todas las cosas en las que no quería pensar: neveras, zapatos de cordones, autobuses, bombillas, supermercados, puentes colgantes, sellos, sopas preparadas, anuncios por palabras, recibos de la luz, ollas a presión, rascacielos, el papa, calcetines, elecciones, bombonas de butano, puzzles, condones y campeonatos del mundo de ajedrez.

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