de Pablo Neruda, Confieso que he vivido

Miro las pequeñas olas de un nuevo día en el Atlántico.
El barco deja a cada costado de su proa una desgarradura blanca, azul y sulfúrica de aguas, espumas y abismos agitados.
Son las puertas del océano que tiemblan.
Por sobre ella vuelan los diminutos peces voladores, de plata y transpariecia.
Regreso del destierro.
Miro largamente las aguas. Sobre ellas navego hacia otras aguas: las olas atormentadas de mi patria.
El cielo de un largo día cubre el océano.
La noche llegará y con su sombra esconderá una vez más el gran palacio verde del misterio.

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