Arco iris

Vimos salir el arco iris desde la barandilla de la casa vieja. Solíamos ir a la casa vieja de su abuela los primeros domingos del mes. Ella decía que a su abuela le gustaba que volviésemos a la casa de vez en cuando. Esa tarde llovió un poquito, nos sentamos en el porche con los pies en la barandilla, a hablar en voz baja y mirar al cielo llorar. Ni siquiera sacamos un paraguas, no nos importaba mojarnos. Caía una lluvia muy indiferente, de esta que parece que no moja. Cuando se cansó de llover el cielo pintó un arco iris, algo lejos y un poco difuminado, como borroso. Nos quedamos un rato mirando el arco iris. Después ella se levantó, me dio un beso en el pelo y antes de comenzar a caminar me dijo que se iba, que tenía que encontrar esa jarra de monedas de oro que escondían todos los arco iris al nacer.

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