de Enrique Anderson Imbert, Unicornio

Se le vino encima. Tenía dos cuernos. La embestida era de toro, el cuerpo no.
-Te conozco -dijo riéndose la muchacha-. ¿Crees que voy a cometer la tontería de cogerte por los cuernos? Uno de tus cuernos es postizo. Eres una metáfora.
Entonces el Unicornio, al verse reconocido, se arrodilló ante la muchacha.

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